Wednesday, May 20, 2009

En un altar sin ser santo



Ya es Primavera en ECI, y nosotros con esta cara. Otro año mas no perdona el clima y en menos de una semana pasamos del incomodo invierno tardío a el bombardeo del polen, el calor y la sequedad. Nos sobra la corbata, nos faltan las chancletas y ansiamos el mar. Odiamos el asfalto, nos quema la calle y nos llama la noche. Como cucarachas aprovechamos los momentos en los que el injusto sol deja de picar para lanzarnos a la calle, aire acondicionado mediante…
Aparte de esto mucho más. Casi olvido qué quería expresar con el titulo del post, a saber!. Es una sensación algo extraña, algo egocéntrica y desproporcionada, pero real, por eso la cuento. En los últimos seis meses mi vida parece el metro en hora punta, personas que entran y salen, en menor medida, sin saber por qué. Todas, o casi, tienen un denominador común, y si no lo saben se lo pongo yo. Inconformidad, insatisfacción en alguno de sus aspectos vitales o carencia afectiva en una de sus vertientes. Y ahí estoy yo, señuelo absurdo que afianza barcos a pique, aventurilla de una noche que remonta el vuelo de un avión sin motor. Podríamos decir que no es así, que la gente simplemente busca una ínter actuación sana y cordial desde el minuto cero y que yo me monto películas. Pero de ser así, ¿Qué impide entonces a estas personas decir desde el principio estoy ocupado, engaged, liada, enamorada, atada, ahorcada, jodida, feliz…en definitiva ser francos con ellas mismo y conmigo? Supongo que la curiosidad, esa sensación infantil que todos hemos tenido ¿Recordáis? Cuando éramos niños y nos cogíamos de la mano para tirarnos a la piscina con un amigo por miedo a hacerlo solos. En ese momento no sabías si habías cogido bien la mano, si tenías ganas de tirarte, si acabarías riéndote en el agua o llorando fuera por haberte tirado solo. Pues así es…el miedo al cambio, la comodidad del sillón y el frío de la puerta, no sacar la basura por no ponerte las zapatillas, estar pegado al sofá sin cambiar el volumen o el canal porque no llegamos al mando. A partir de entonces una vez lo tenemos empezamos a jugar, ¿Y ahora qué? ¿Para que levantas la liebre y destapas la caja de los truenos? ¿Para volver a tumbarte y ver el mismo documental? Haber avisado antes…Que bueno eres, como te tienen que querer y que raro que estés soltero, con lo que vales, sabes y te quieren…
Y sentencio yo, ¡Que raro que no esté loco después de tanta gente como vosotros!

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