Supongo que veinte días en casa dan para mucho, y no supongo, sino que afirmo que lo dan. No pasaba tantos días con lo mío y los míos desde hacía mucho, tanto como años llevo en Cemento viviendo, o incluso más...Saboreando lo malo aprendes a valorar lo bueno, echando de menos lo nimio valoras lo mucho que aporta lo simple. Paseando por Arena encontrarás mucho más escondido que lo que se deja ver fuera. Tanto tiempo conmigo mismo y sin ruido alrededor dan para mucho.
Ver un cielo Azul y blanco de día, que refresca tan solo con mirarlo, cielo limpio mullido, sensación inexplicable tumbado hacia arriba en la playa abrir los ojos y sentir tanta paz. Mirar el mismo cielo como va empujando al sol hacia al mar, escondiéndolo y dándonos abrigo, dejando en su huida una estela de colores que no cabrían en ninguna paleta.

El mar tan fuerte, tan azul oscuro, tan frío sin exceso, que eriza la piel cuando te toca un dedo, que divierte con sus olas, te mueve con sus mareas y revuelca con sus resacas, que no para de rugir, perfecta nana para las siestas, complemente perfecto para una arena amarilla tirando a blanca, de granos grandes pero delicados, asaltada dos veces al día por las olas.
Una tierra marron y verde, sin excesos ni desierto, pastos en verano, inviernos verdes...cereales, remolacha, girasoles y algodón. Con curvas leves sin cortes ni Sierras, caída constante en cuesta desde Cemento al Mar.

El aire que calienta pero no quema, que da calor pero no asfixia, que deja las noches en perfecta temperatura, jersey de puesta de sol, sudadera en el desayuno, escalofrío al despertar con la ventana abierta respirando sal.
Mezcla perfecta para un tiempo, a la larga triste tierra que bien sonríe por no llorar, mezcla de buena vida y desesperanza, arraigo que impide ver más allá del horizonte, sueños truncados por el miedo a lo ajeno o la resignación. La gente que otrora se anunciaba como comerciante, emprendedora y moderna se ha sentado en su silla a esperar, sensación cubana así sea su voluntad, en otros tiempos mordaz rebeldía sindicada, hoy anestesiada, denostada, dejada y retroalimentada. Acostumbrada a la respuesta de un Estado que viene siempre tarde, equivocada o mal, incentivo de la flojera, hastío para la inquietud.
Así es no más la historia de una tierra verde azul y amarilla…una tierra dormida esperando que la dejen levantarse en paz.
