
Cierto es que no acompaña ni el lugar, ni el momento ni la situación pero creo que ha llegado el momento de escribir un nuevo post. Durante unos días he estado observando más si cabe los comportamientos de la gente, intentando asimilarlo de forma simpática a alguna realidad cercana que nos arranque una carcajada…o dos.
Y es que en el fondo las personas somos una evolución en salto, es decir pasamos de una especie a otra dentro de la misma familia.
Hasta los 25 años podemos considerarnos mosquitos. Somos pequeños, pesados, silenciosos de lejos y molestos de cerca y fácilmente exterminables. Tendemos a chupar sangre, de forma positiva, claro esta. Nuestra preocupación es buscar ese brazo que tenga la piel limpita y sin mucho pelo para clavar nuestro afilado aguijón. Nos volvemos locos en verano e inexistentes en invierno y siempre queremos estar en todos los charcos posibles, cuantos mas juntos mejor, siguiendo nuestra nube.
Pero damos un salto y nos hacemos mosca. Somos mas rápidos, veloces y consistentes, ya no tenemos que buscar el brazo perfecto porque nos comemos cualquier mierda que encontramos por el camino, pese a nuestra audaz visión. Nos la comemos porque queremos y ya eso de las charcas se acabó y lo de gregarios menos, si acaso algún revolcón con amigos pero that’s all. Ahora utilizamos el aguijón menos, pero pensamos que es porque lo utilizamos mejor, ya no es cualquier bocado, solo el que creemos que es el bueno, sin darnos cuenta de que la mayoría son bocados de mierda.
Así seguimos hasta que nos hacemos moscardones, nuestra peor visión. Ruidosos, torpes molestos e incapaces de no darnos de que el cristal no es transparente. Estamos chocándonos constantemente. Ya no vamos a la luz como cuando éramos mosquitos, pero somos por contrapartida infinitamente más lentos. Nos hemos vuelto sibaritas, solo comemos cosas que realmente son buenas y pasamos de mierdas (las que siguen en mierda son las moscas verdes incapaces de darse cuenta y evolucionar). Ahora la comida que la traigan servida, cualquier pedazo de desperdicio es un manjar, y no nos falta razón, pues comemos aquello que otro ya disfrutó, y donde hubo fuego quedan rescoldos, e incluso algo de placer. Nuestro aspecto no es estilizado como el de mosquito ni fornido y ágil como la mosca. Somos toscos gordos y aleteamos a mil por hora parando por las esquinas, negándonos a aceptar que por el mosquitero no cabemos. Somos susceptibles a cualquier insecticida cercano, pero nuestra pereza nos hace estar al margen de todo ello. Es más fácil encontrar un elefante en una orgía de canarios que un moscardón en riesgo. Al fin y al cabo somos conscientes de que cuanto mas nos agachamos mas se no ves el aguijón….
Esperando una sonrisa
Buenas tardes!
Y es que en el fondo las personas somos una evolución en salto, es decir pasamos de una especie a otra dentro de la misma familia.
Hasta los 25 años podemos considerarnos mosquitos. Somos pequeños, pesados, silenciosos de lejos y molestos de cerca y fácilmente exterminables. Tendemos a chupar sangre, de forma positiva, claro esta. Nuestra preocupación es buscar ese brazo que tenga la piel limpita y sin mucho pelo para clavar nuestro afilado aguijón. Nos volvemos locos en verano e inexistentes en invierno y siempre queremos estar en todos los charcos posibles, cuantos mas juntos mejor, siguiendo nuestra nube.
Pero damos un salto y nos hacemos mosca. Somos mas rápidos, veloces y consistentes, ya no tenemos que buscar el brazo perfecto porque nos comemos cualquier mierda que encontramos por el camino, pese a nuestra audaz visión. Nos la comemos porque queremos y ya eso de las charcas se acabó y lo de gregarios menos, si acaso algún revolcón con amigos pero that’s all. Ahora utilizamos el aguijón menos, pero pensamos que es porque lo utilizamos mejor, ya no es cualquier bocado, solo el que creemos que es el bueno, sin darnos cuenta de que la mayoría son bocados de mierda.
Así seguimos hasta que nos hacemos moscardones, nuestra peor visión. Ruidosos, torpes molestos e incapaces de no darnos de que el cristal no es transparente. Estamos chocándonos constantemente. Ya no vamos a la luz como cuando éramos mosquitos, pero somos por contrapartida infinitamente más lentos. Nos hemos vuelto sibaritas, solo comemos cosas que realmente son buenas y pasamos de mierdas (las que siguen en mierda son las moscas verdes incapaces de darse cuenta y evolucionar). Ahora la comida que la traigan servida, cualquier pedazo de desperdicio es un manjar, y no nos falta razón, pues comemos aquello que otro ya disfrutó, y donde hubo fuego quedan rescoldos, e incluso algo de placer. Nuestro aspecto no es estilizado como el de mosquito ni fornido y ágil como la mosca. Somos toscos gordos y aleteamos a mil por hora parando por las esquinas, negándonos a aceptar que por el mosquitero no cabemos. Somos susceptibles a cualquier insecticida cercano, pero nuestra pereza nos hace estar al margen de todo ello. Es más fácil encontrar un elefante en una orgía de canarios que un moscardón en riesgo. Al fin y al cabo somos conscientes de que cuanto mas nos agachamos mas se no ves el aguijón….
Esperando una sonrisa
Buenas tardes!
1 comment:
JAJAJA
Post a Comment